Buscavidas

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Revista Qué Pasa, 04 de septiembre de 2013. La astrobióloga Nathalie Cabrol busca vida donde parece imposible. Sus estudios en el desierto de Atacama la han llevado a concluir que en la Tierra la vida no va a desaparecer… pero no se puede decir lo mismo acerca de nosotros. Por eso, aboga por un mayor entendimiento: “Es muy importante que los gobiernos estén al tanto del progreso”.

Nathalie Cabrol ha dedicado la mayor parte de su vida profesional a recorrer los lugares más extremos de la Tierra, entre ellos las alturas del desierto de Atacama. Pero la imagen que lleva siempre en la mente se le grabó en el Ártico: “Estaba a unos mil kilómetros del Polo Norte, era un día miserable, llovía, hacía mucho frío y corría un viento muy fuerte… sólo se veían rocas y bloques de hielo… iba caminando, descendí no más de dos metros y de pronto el viento desapareció, algo me estaba protegiendo, me di vuelta y vi que había una flor… una solitaria flor…”.

Cabrol es doctora en Ciencias Planetarias de La Sorbonne y actualmente trabaja en el Ames Research Center de la NASA, y es una de las invitadas principales de la Primera Conferencia Internacional en Cultura Científica, organizada por el Centro para la Comunicación de la Ciencia de la UNAB, que se realizará en Santiago entre el 8 y el 11 de octubre. Su trabajo, por años, ha girado en torno a la búsqueda de vida donde parece inconcebible que exista, como en el desierto del Ártico, donde se encontró esa flor.

Ha venido muchas veces a Chile a instalarse con sus instrumentos en nuestros paisajes más inhóspitos, como las inmediaciones del volcán Licancabur, cerca de San Pedro de Atacama, a 5.920 metros de altitud. Ahí también encontró vida, y lo hizo en un entorno mucho más parecido a Marte que a cualquier otro lugar de la Tierra.

“Lo que tienen en Atacama es un lugar muy seco, muy árido, tal como Marte. Casi no hay lluvia, así que las formaciones geológicas más antiguas, como lagos y quebradas, se han visto preservadas por un largo tiempo. Y encuentras lo mismo en Marte, puedes encontrarte con quebradas que se ven completamente prístinas y que tienen por lo menos 3 mil 500 millones de años de antigüedad. La morfología es muy similar, la aridez también; y hay algo muy especial en los Andes atacameños: los rayos ultravioletas. Tienes un nivel de UV extremadamente alto en esa área, que interactúa con la superficie. La historia geológica también es similar, con mucha actividad volcánica, evaporación de lagos, deglaciación…  todo esto resulta en una analogía muy interesante con el Marte antiguo”, dice.

El pasado del planeta rojo, aclara la investigadora, es muy distinto al de la Tierra. La tectónica de placas produjo un reciclaje de las rocas más antiguas, formadas apenas se enfrió la superficie del planeta, anteriores a los 3 .900 mil millones de años. “Eso significa que nos falta el registro de unos 500 millones de años”, dice. En Marte no existe la tectónica de placas, por lo que conserva las huellas originales de su formación.

-¿Por qué Marte no permaneció como un planeta habitable para la vida que conocemos?

-La Tierra y Marte surgieron más o menos al mismo tiempo, pero su evolución fue dramáticamente diferente en unos pocos cientos de millones de años. En primer lugar, Marte está mucho más lejos del Sol, eso marca una diferencia de temperaturas promedio. Su órbita es menos estable que la de la Tierra, que es estabilizada gracias a la Luna. Por eso Marte tiene cambios climáticos muy rápidos e intensos. Y es mucho más pequeño, prácticamente la mitad del tamaño de la Tierra. Todo esto hizo que Marte perdiera su atmósfera muy rápido y que el viento solar disipara su campo magnético, así que se volvió inhabitable en la superficie muy rápido, en unos 700 millones de años desde que se enfrió su costra.

-Volviendo a la Tierra… ¿qué ha descubierto en las alturas del desierto?

-Bueno, uno piensa que nada puede sobrevivir ahí… y entonces ves esas criaturas minúsculas nadando en la superficie de los lagos ubicados allá arriba. ¡A ellos no les importa la radiación UV! Tratas de taparles el sol y se arrancan de la sombra para seguir expuestos a la luz… Han encontrado maneras de adaptarse a esas condiciones. Para mí, las condiciones de radiación UV de los Andes y el altiplano son definitivamente las condiciones más extremas con las que me he encontrado.

-¿Esa posibilidad de que la vida exista en condiciones tan variadas tiene algún significado para el futuro de la vida que conocemos?

-Ésta es una observación muy crítica para nuestra vida, para la búsqueda de vida en el universo y para nuestro futuro. He explorado muchos lugares, he estado recorriendo este planeta durante un largo tiempo y todavía no encuentro un lugar donde la vida sea imposible: donde quiera que pueda existir la vida, va a existir. Esta resiliencia le ha permitido a la vida persistir por cuatro mil millones de años: la vida está siempre intentando, porque su propósito es perpetuarse y seguir adelante.

-¿Y eso se encuentra en peligro hoy?

-No creo que la transformación del medioambiente que estamos provocando hoy ponga a la vida en peligro… Pero esto no debe ser mal entendido: hoy la Tierra no está en peligro, lo que la gente debe entender es que lo que sí está en peligro es el ambiente que resulta favorable para la especie humana. Si degradamos el planeta hasta un punto en que no podemos vivir en él, el planeta va a transformarse en un sistema diferente, y ha estado haciendo esto durante miles de millones de años. Y la biosfera va a cambiar, y otras especies van a surgir. Puede ser nuestro fin, pero no será el fin del planeta.

-Nuestro final sería provocado por nosotros mismos…

-Por su naturaleza, debido a la geología y al paso del tiempo, la Tierra ha estado cambiando permanentemente. En este momento estamos en un período interglaciar, y el planeta ya ha experimentado procesos de calentamiento, eso lo sabemos; los niveles de CO2 han aumentado antes, niveles de metano han aumentado antes en la historia, pero nunca al nivel de lo que estamos viendo hoy, y la razón evidente es que sí tenemos como seres humanos un impacto a través de nuestra actividad. Tanto así que algunas personas han bautizado a esta época como “Antropoceno”. Esto significa que en tiempos geológicos futuros, cuando los geólogos analicen las capas de suelo, encontrarán nuestra huella.

-¿Somos la única especie que ha causado un impacto visible en la geología?

-A este nivel, sí, de todas maneras. El efecto es global, en escala y también en los aspectos que afecta: todos los diferentes dominios de nuestro planeta. Nos estamos disparando en los pies, vamos a hacer que nuestra existencia sea cada vez más difícil. La vida va a persistir, pero tal vez nosotros no, y nos llevaremos con nosotros a una gran cantidad de especies. De hecho, la velocidad con que las especies se están extinguiendo es terrorífica. Las únicas que florecen son las que el hombre cuida, pero la vida silvestre está sufriendo todo el impacto. Estamos impactando la biosfera, estamos impactando el medioambiente, pero la Tierra, no importa lo que pase, sobrevivirá. Nosotros modificamos el sistema, y si el sistema es bueno o malo para nosotros, a la Tierra no le importa, y seguirá adelante.

EL DIÁLOGO QUE FALTA

-¿Por qué algunos niegan todavía esta realidad?

-No puedo responder por ellos, pero supongo que hay intereses económicos en juego. Le estás diciendo a un mundo basado en los combustibles fósiles que su actividad está matando el medioambiente, pero al mismo tiempo las compañías ganan tanto dinero… No necesito decirte qué está por detrás, es clarísimo. El problema es que esa postura impide que tomemos acciones inmediatas, que tal vez nos permitirían disminuir o mitigar algunos de los efectos, aunque no impedirlos del todo. Hoy no estamos haciendo absolutamente nada. Y las consecuencias del cambio climático nos van a afectar a todos, incluida esa gente que lo niega. A estas alturas, no hacer algo es una irresponsabilidad. No es sólo la pérdida del hielo superficial y la elevación de los océanos: ya estamos viendo cómo se derriten los hielos subterráneos y el cambio de la temperatura del mar, y cuando eso pasa, se modifican las corrientes oceánicas, y eso profundiza el cambio climático. Tendremos sequías e inundaciones en lugares donde nunca antes ocurrieron, tormentas más intensas, nutrientes que serán trasladados por las corrientes hacia lugares distintos que antes, lo que generará cambios en las migraciones de la flora y fauna marinas. Cuando se comienza a derretir el permafrost, estamos elaborando una bomba de tiempo: la liberación de más CO2 y más metano en la atmósfera, los que estaban atrapados en el hielo.

-Ése es el futuro, pero también el presente…

-Por supuesto: esto ya empezó. Y creo que en lugar de perder el tiempo tratando de convencer gente que no quiere ser convencida, debiéramos usar esa energía en financiar soluciones para tratar de mitigar los efectos; creo que no es demasiado tarde, creo que todavía podemos hacer algo al respecto, pero necesitamos los recursos para financiar las investigaciones que lo permitan, ya es tiempo de empezar.

-¿Hay algún argumento científico que permita tener dudas acerca de este fenómeno?

-Yo diría que hay una cantidad de fenómenos acerca de los cuales todavía no tenemos el registro histórico para entender si estamos frente a ciclos naturales o algo completamente nuevo. Por ejemplo, cuando comenzamos a medir el agujero en la capa de ozono, uno de los argumentos era: ¿cómo podemos saber si esto no había ocurrido antes y se trata simplemente de un ciclo natural de la Tierra? Y es un buen punto, porque 200 años atrás no había nadie en la Antártica instalando instrumentos para medirlo. Pero cuando empiezas a tomar medidas para evitar la liberación de CFC en la atmósfera, para disminuir el nivel de gases que destruyen el ozono y ves cómo la capa de ozono se repara sola… ése es un signo claro del efecto de la intervención humana… Y es efectivamente lo que pasó: 15 años atrás el Panel sobre Cambio Climático dijo que se debía hacer algo y algunos países empezaron a trabajar en esto, y ahora las cosas están un poco mejor.

-Pero los políticos ¿escuchan a los científicos?

-Creo que especialmente en este momento, cuando estamos enfrentando una crisis, es muy importante que los gobiernos estén al tanto del progreso de la ciencia y su potencial para encontrar soluciones. Creo que debe haber ahora mismo un canal directo entre gobiernos y científicos, para que los gobiernos escuchen, porque la política de esconder la cabeza en la arena es equivocada: aunque no quieran escuchar lo que tenemos que decirles hoy, tendrán que hacerse cargo de las consecuencias más adelante. Si no se hace nada, habrá problemas con el recurso hídrico, habrá que enfrentar catástrofes como tormentas, inundaciones, sequías e incendios cada vez más frecuentes, y ésas son tareas de los gobiernos. Los países sufrirán profundas crisis presupuestarias porque sus gobiernos no quieren enfrentar hoy la posibilidad de que esta crisis sea real. Creo que no es solamente una buena idea: es una obligación para los gobiernos abrir este canal de entendimiento. Además, existe la necesidad de que los científicos hagan un mejor trabajo al hablarle a la gente: hay que educar al público desde los niños pequeños, en la escuela, hasta los adultos mayores. Si logramos que la gente hable de estos temas a todo nivel en la sociedad, tal vez podamos salir de esta crisis.

-¿Cuánta prioridad debe tener este diálogo?

-Veámoslo de esta manera: la Tierra es nuestra única nave en el espacio; no tenemos otra. Puede haber otros lugares donde podamos ir en el futuro, pero por el momento es lo único que tenemos. Carl Sagan lo dijo hace 30 años: este pálido punto azul es nuestro hogar. Es cierto, hay crisis, hay pobreza, hay hambrunas, hay guerras… pero, al final, si destruimos nuestro planeta hasta el punto en que no podamos sobrevivir en él, todo esto se verá como problemas secundarios. En este momento estamos tratando de preservar nuestro medioambiente para asegurar el futuro de la especie humana, y no cualquiera, sino un futuro, porque el futuro es siempre posible, nos podemos acomodar a las cosas: si destruimos el ozono tenemos la tecnología para protegernos o para vivir bajo tierra. ¿Pero quieres vivir como las termitas? ¡Yo no! ¿Quieres tener que usar un traje espacial para salir a la calle? ¡Yo no! Amo poder caminar cada noche o bañarme en el mar o un lago, aunque esté un poco contaminado, y poder beber agua de algunos riachuelos.  Y también me gustaría dejar algo de todo eso para las futuras generaciones, y la única manera de que podemos lograrlo es actuando ¡ahora ya!

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