“La Ciencia hay que entregarla en medio del queso” y otras ideas sobre la divulgación científica en medios

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Puro Periodismo, 21 de octubre de 2013.- Entre el 8 y el 11 de octubre se realizó la Primera Conferencia Internacional de Cultura Científica, organizada por la Universidad Andrés Bello. María Eugenia Concha, académica de la Escuela de Periodismo de la UAH, asistió al evento donde se reunieron científicos nacionales e internacionales junto a periodistas y otros profesionales. Su mirada sobre esa convergencia, los temas que se abordaron y las ideas que se expusieron encontrarás en el siguiente relato.

por María Eugenia Concha

Un encuentro de científicos puede ser un paradigma del aburrimiento. Sin embargo, el panorama cambia cuando el objetivo de una conferencia es pensar la ciencia como un fenómeno de interés público que no sólo se discute entre académicos encerrados en sus despachos o absortos en sus laboratorios. Precisamente, la primera Conferencia Internacional de Cultura Científica, organizada por la UNAB, fue una provechosa instancia para conocer experiencias novedosas y llamativas para divulgar la ciencia con amabilidad, cercanía, en conexión con la gente.

Andrés Gomberoff, Vicerrector de Investigación de la UNAB, fue el anfitrión y expositor de una de las mesas redondas que hablaba sobre este concepto. “Para mí la física es lo más importante y lo que más me gusta hacer en la vida, no puedo entender cuando la gente me dice que odia la física. Yo lo comparo con las berenjenas: a nadie le gustan y a mí me encantan”, dijo Gomberoff.

Para este científico el reto es que a más gente le guste la “berenjena”, que la ciencia que se enseña en los colegios sea entretenida y que encante a los niños. Y para ello el desafío no es sólo de la ciencia y sus divulgadores, sino que también de los educadores, la familia y los medios de comunicación.

Uno de los relatores más importantes de la conferencia fue Phil Hilts, periodista y director del Programa de Becas en Periodismo Científico del Massachusetts Institute of Technology (MIT), quien como reportero del New York Times denunció a las tabacaleras de EE.UU. sobre los efectos nocivos y adictivos del cigarro en la salud.

“El periodismo científico es fundamental para denunciar problemas que afectan a todo el mundo y de los que no estamos plenamente conscientes, como el calentamiento global o las consecuencias de las vacunas”, explicó Hilts. “Son temas que se están constantemente tratando de negar, con conflictos de intereses, y quieren que nosotros no los investiguemos. Ese es nuestro reto como periodistas”.

Otro de los desafíos que se planteó Hilts en su carrera fue traducir este mundo científico al común de la gente, lo que está oculto y confuso llevarlo a palabras simples para que nadie quede ausente de las polémicas mundiales y puedan formarse sus propias  opiniones. “Los periodistas somos un vehículo de información”, explicó.

Con este criterio coincidió Tom Hager, autor de numerosos libros sobre ciencia y tecnología: “Simplificar el mensaje para que los términos científicos se entiendan”. Este científico estadunidense decidió estudiar periodismo para poder compartir con el mundo su pasión de mejor manera. De hecho, en sus relatos científicos Hager incorpora historias policiales y la clásica estructura dramática para enganchar el público. “La gente quiere entretenerse, incluso en la ciencia”, afirmó.

Para el físico español Jorge Mira, lo importante es que la gente aprenda de ciencia y, para ello, es necesario “disfrazarla”. “Lo tienes que hacer como cuando le das una medicina a tu gato: se la metes en medio del queso. Eso hago yo con la ciencia”. Para ello utiliza temas que le interesan a la gente —como el sexo o la religión — y pasa la ciencia como contrabando.  “Yo no puedo contarle a la gente un tema científico de un modo detallado o específico. Para entenderlo se necesitan años de estudios”, asegura. “Divulgar viene de divulgare en latín: vulgarizar un concepto, empobrecerlo y con eso ya estás faltando a la verdad. Se sacrifican verdades para conseguir un beneficio mayor”, planteó Mira.

Esa misma línea comparte la bióloga canadiense Elise Andrew, quien decidió simplificar el mensaje y creó su propia página de Facebook con el llamativo nombre de “I fucking love Science”. Andrew dejó los laboratorios por las redes sociales y con ellas ha logrado vincularse al público joven que también quiere saber más sobre el mundo científico. “Claro que yo no tengo que rendirle cuentas a nadie, no es un medio de comunicación y entrego la ciencia como mejor me parezca”, explicó. En todo caso, su modelo ha sido exitoso: cada día suma entre 10 y 15 mil nuevos seguidores en su página.

Esta forma de transmitir la ciencia sin duda es novedosa y sacó aplausos entre los asistentes. Marcelo Mena, científico y académico de la UNAB, coincide que el problema es cómo difundir los conceptos científicos a un nivel masivo. “La gente  quiere que le expliquen de una manera simple y entretenida”, acota. Este ingeniero es voz autorizada en temas medioambientales, de hecho es una fuente recurrente en los medios de comunicación. “Yo salgo frecuentemente en los medios porque me gusta y además aprovecho de dar mi mensaje pero con argumentos y datos comprobables. Todo lo que digo se puede verificar, pero no hablo en difícil como otros colegas”.

Hay quienes sostenían que el público no se interesa por estos temas considerados de elite y que son sólo algunos pocos los que les gusta hablar sobre ciencias, pero en el fondo son temas que afectan a todas las personas y el verdadero desafío está en cómo entregárselo para que puedan y quieran  informarse, pero también —ojalá nunca lo olvidemos— entretenerse.

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